Pollo al hoyo

… y cordero también, ya que no me incluyo dentro del Club Amigos del Pollo. Hace unos post, prometí que haría el pollo al hoyo, y aquí está, con un mas que sudado y trabajado éxito y con el exquisito recuerdo aun perdurando en lo mas recóndito de mi cerebro. Y es que hay días que sabes que hagas lo que hagas va a salir bien, y el sábado era uno de esos. El campo estaba maravilloso, con un aroma abrumador, un sol intenso pero suave, una temperatura a la carta y sin brizna de aire. Con estos antecedentes, me pertreché de pico y pala, y cual pirata conté cinco pasos a la izquierda, siete a la derecha y tres a la remanguillé, para encontrar el lugar adecuado en donde esconder “mi tesoooooro”. Empecé con gran ímpetu con el pico Y pala Pero, aviso a navegantes!, no encomendarse a este tipo de trabajo con resaca, ya que cuando uno se agacha y le vienen los vapores del día anterior pa´rriba con el estómago que parece una lavadora, y que te pones como un tomate y no te deja pensar, hasta tal punto de tirar de un recurso tan denigrante como decirle a tu hija que te eche una manita. Ya cuando no podía seguir cavando mas, di mi visto bueno de experto, quizá unos centímetros mas hubieran venido bien, pero seguro que tendría que haber ido a urgencias. Para coger aire, decidí que ya era momento de ir preparando las carnes, con la mas que habitual en mis asados “vacuna graciosa”. Una salmuera con un ajo licuado que le da una chispita de vida y que le inyecto por doquier con un resultado sabroso e igualado. Con estos mimbres, volvimos a la carga con otro momento mas que delicado, ya que tuvimos la ocurrencia de hacer las brasas en un parrilla y hubo que pasar a palazos las brasas al hoyo. Leches, que calor! Y por hacer una gracia, tapé las brasas con hojas nuevas de higuera, que tenían un perfume maravilloso. Era raro, pero había como un murmullo en el fuego que decía: ¡dámelo a mi, dámelo a mi! , pues toma, pedazo de ansioso. Tapamos el fuego con una plancha de hierro totalmente homologada para estos casos, que a la vez que mantenía el calor, actuaría como gratinador. Eso si, se le dejaron unos huequitos para que “respiraran” las brasas. Y dejamos a Blanquita que cuidara del tesoro, aunque con lo buitre que es no me extrañaría que se tirase al fuego a por la carne. Antes de seguir, he de decir que con gran impaciencia abrimos la tapadera a la media hora y el desanimo cundió entre los asistentes, ya que aunque si se notaba que estaba cogiendo color y calor, no era lo que se esperaba, por lo que se añadió unos pequeños trozos de leña y volvimos a taparlo. A los 15 minutos pasé a preguntarle a Blanquita si había novedades y el hoyo era una fiesta indescriptible: guru guru, prfqtsk, pfffff, gjgjgjrjgr, etc etc Otros 15 minutos mas y con tanto escándalo en el hoyo, a mi me votaba el corazón, no sé si porque aun no me había recuperado de hacer el “bujero” o porque me olía que algo grande iba a pasar. Así pues, quitamos la tapadera y …….. TOMA ESPECTÁCULO!!!! El amigo Juanantonio, tan femenino como siempre, le dio un toque de distinción. Y con la emoción de un niño en el recreo con la pegatina de su bollycao, nos fuimos a la mesa. Yo me pedí una pequeñita y de guarnición, un Viña Pedrosa Reserva del 95 que estaba guardado para una ocasión como esta. De postre un café de puchero, un/unos licor de madroño y a respingar al campito.

Y aquí la muestra para que escuchéis los ruiditos del horno-hoyo.

2 comentarios:

nopisto dijo...

Ose, tu no eres un geek, tu eres McGiver.

Gracias por habilitar los coments;-)

el pingüe gourmet dijo...

Tú no vas a ir al cielo, que lo sepas. La gula, hijo mío, es un pecado malísimo, y después de una supuesta resaca es .......

¡Qué pinta!
Enhorabuena.

Roberto