
Paso a paso.
1º- Decidir irse unos días al campo para ver si le salen raíces a uno.
2º- Una vez allí cagarse en todo lo que se menea porque alguien olvidó el güisqui.
3º- Acercarse al pueblo mas cercano en busca del preciado licor y tener que conformarse con el ínclito J&B.
4º- Repartir la vista por el colmado y observar que atesora unos pimientos tipo Ronaldo fuera de forma.
5º- Pensar en el futuro y adquirir junto a los pimientos unas cebolletas y unos güevos de corral auténticos.
6º- Una vez asados unos choricinos abrebocas, y con las brasas aun con ganas de dar guerra, colocar los pimientos sobre la parrilla.
7º- Estar mas atento que si vas conduciendo con el director de la DGT al lado, e ir cambiándoles la postura para que se asen por todos lados por igual.
8º- Reciclar la bolsa del colmado e introducir los pimientos para que suden mas que la axila de un churrero.
9º- Una vez templados, pelar y cortar en tiras finas, procurando recoger el caldillo del interior de los pimientos.
10º- Ya apalancados sobre una fuente rústica e integrada en el entorno, picarle cebolleta bien fina al gusto, añadir sal, un chorreoncete de vinagre y bañar abundantemente de aceite de oliva de la buena, y como es bien cara, recoger la última gotita con el dedo y rechupeteárselo a fondo para no desperdiciar nada.
11º- Remover y dejar descansar –si se es capaz- durante al menos una hora.
12º- Pelearte con tu vecino de mesa por medio pan, dejar la mente en blanco y comer como si fuera la última comida de un condenado.
12ºb- Si se desea se fríe un güevo auténtico y se revuelve con el zorongollo.
Creedme si os digo que ha sido uno de los mejores platos que he tomado en un año atrás. El sabor del pimiento con el regusto del humo que era marcado pero sin ser excesivo, la cebolleta suave y ese pedazo de aceite de oliva rompe-bolsillos, hicieron un plato memorable.* El auténtico zorongollo es una ensalada de pimientos y tomates asados con aceite de oliva, ajo y sal.