Cata de un queso infumable y sin pretensiones de mejorar

Lo prometido es deuda. Aquí os traigo la cata de aquel innombrable queso que metí en grasa de jamón ibérico, por si acaso alguien se lo está pensando.

Aromas

Aromas francos a ranzosidad propias de la maduración contenida y potenciada en el receptáculo de conservación. Madera, establo, caucho, coliflor ...

Gusto

Astringente ... y mucho. En boca se percibe la vejez del jamón con notas a bellota, venidas de la alimentación del cochino poseedor del pernil. Amargor propio del rancio abolengo de la grasa.


Textura

Igual de pobre que antes de entrar en contacto con el graso semi-líquido.

Retrogusto

Notas acres a pocilga mas o menos aseada y las caracteríticas derivadas de haberle hecho un traje de saliva a un jamón.


Post-gusto 5 horas

Liberaciones de gases tóxicos por vía bucal con premio de grasilla que se acerca a la delgada línea entre el asquito y la arcadilla.

Post-gusto 24 horas

Cansiiino recuerdo a la esencia de la grasa envolvente y a las hierbas de la dehesa donde habitó el marrano.


El queso en si

Desaparecido. La grasa ibérica predomina sobre él. Aun así, mejorarlo era difícil por lo que todo aquello que se se añadió fue bienvenido, incluidos su inconvenientes. Aconsejaría cubrirlo con la corteza para que no adquiriera tanto sabor. Y también hacerse de unos protectores de estómago.

Nota adicional

Como ya no sabía como darle fin, lo utilicé junto con chorizo en un bollito que desconocía los preservativos. Y aquí si que se notó su importancia, dándole un estilo clásico y auténtica rusticidad.