Clásicos de película


Ose-Mulligan, encontró una respuesta insolente en aquel engominado y estirado pijo, cuando le encomendó a que le demostrara con hechos, que había infinidad de preparaciones con arroz, mejores que la del bogavante. Ose-Mulligan supo en ese instante que aquel pijo estirado sería su próxima víctima.

La mañana era fría, y como todos los sábados, el pijo estirado, paseaba con su ridículo caniche blanco enfundado en su mantita de LuiPitón que tan solo salía de ella para defecar en mitad de la acera, y después encaminarse a por unos croasanes de la multitienda y engordar su ego ante su familia diciéndoles que eran de la mejor pastelería de la ciudad.

Pero ese sábado, Ose-Mulligan estaba dispuesto a que la familia del pijo estirado no sufriera mas en el desayuno y les hizo llegar unas porras vía Telechurro, con una nota anónima que decía: “Ahora van a saber lo que es bueno”.

Mientras Ose-Mulligan, consumaba su plan, lanzándole un saco por encima al pijo estirado con la necesaria saña como para deconstruir su firme peinado y noquearle tras dos efectivos golpes que recordaron sus tiempos de boxeador callejero. Lanzó maniatado al pijo estirado al maletero del coche, y le colocó con un imperdible al caniche un cartelito que así decía: “Como preparar caniche a las finas hierbas”.

Cuando el pijo estirado despertó, sintió un dolor horrible en su despeinada cabeza, y notó como no podía moverse, pues sus manos y piernas estaban atados a una silla. Ose-Mulligan se acercó, y con su fuerte olor en el aliento a vino barato le dijo al pijo estirado: “A mi no me vacila ni mi madre, tenteras?. Te vi ajacé unas albóndigas de arroz con bacalao y patatas, que te va a meá.”

Al pijo estirado no le hizo falta probar el guiso, solo con la amenaza de Ose-Mulligan preparó un charco bajo su piernas, mientras entre temblores pedía clemencia a su secuestrador.

Ose-Mulligan hablaba en voz alta, pero el pijo estirado no sabía si era con él, o simplemente relataba en voz alta para no olvidarse de aquella receta con la que amenazaba con sorprenderle:

“Hay que cocer el arroz con el bacalao y mientras tanto hacer una buena bechamel con ajo y perejil”, decía Ose-Mulligan mientras hacía malabarismos con dos cuchillos grandes como sables. “A continuación hay que colar el arroz y reservar el caldo de cocción, refrescarlo y mezclar con la bechamel, y por último desmenuzar el bacalao y todo junto hacer unas buenas pelotas” dijo Ose-Mulligan ahogándose en sus propias carcajadas. “luego las pasaré por güevo batido y pan, y las freiré” y se quedó con la mirada clavada sobre el pijo estirado. “Ahora voy a freír estos 5 ajos con este pimiento rojo en bastante aceite, a medio freír le añadiré unas patatas cortadas en cachelos y por último, cuando esté todo bien pochadito le voy a meter una cucharada rasa de pimentón y el caldo del arroz”.

Cuando todo empezó a cocer y la habitación se empapaba de deliciosos olores, Ose-Mulligan se sentó al lado del pijo estirado y le preguntó: “Asín que tu eres de la cofradía del arroz con bogavante?”, Bueno…. fue lo único que acertó a decir el pijo estirado, antes que Ose-Mulligan le diera un lametazo en la cara: “No me extraña, aun sigues usando Brummel”. Ose-Mulligan se levantó y añadió las pelotas de arroz y bacalao al caldo rojo y espeso de patatas que bullía con fuerza.

Tres minutos después Ose-Mulligan se sentaba delante del pijo estirado con un plato que rebosaba y comenzó a comer. El pijo estirado, le pidió como si de un niño con bocata de salchichón le pidiera un trocito al del bollycao:

¡ Dameeeee !,

“No” - dijo Ose-Mulligan-

 Porfiiiiiii!!!,

“Que no, coño”

¡Andaaaaa!

Seguro?

Si, si – decía el pijo estirado con la boca ahogada en su propia saliva.

Entonces Ose-Mulligan colocó una pelota de arroz empapada en caldo en cada de una de sus cuencas. Se retorcía y gritaba el pijo estirado, pero no por el dolor que recibía en sus abrasadas retinas, sino por que no llegaba a lamerse los mofletes por donde caían los chorretes del sensacional caldo. Pero Ose-Mulligan tenía que cumplir al reto que había sido desafiado por aquel pijo estirado, de que había infinidad de arroces mejores que el de bogavante, por ello cargó una cuchara, sopló suavemente hasta templar y se la dio al pijo estirado como si de un bebé se tratara.

- Gracias, ha sido el mejor manjar que mis papilas hayan degustado. Dame mas por favor!

- Te daré el plato entero pero a cambio tendré que matarte, pues ahora conoces la receta y seguro que la irás cacareando, qué decides?. Dijo Ose-Mulligan.

Hubo un breve silencio que rompió el pijo estirando suplicando:

- Mas, por favor.

6 comentarios:

Angie dijo...

Muy buena la historia, y el plato ni te cuento! Un saludo.

Anónimo dijo...

Joer, lo mejor de la historia, el final...........vaya pinta que tiene.......de segundo "caniche al horno" (imagino).

Creo que tendré que reelerme la historia y, sobre todo, la receta.

Un saludo y gracias,

ASTUREX

Anónimo dijo...

Una forma muy original de explicar una receta sin duda. ¿Puedes contarnos de dónde sale? Me refiero a su origen si lo conoces. Sigo pensando que sacas de la manga cartas increibles.
Enric

Ose dijo...

Enric, el arroz con patatas y bacalao tiene que ser mas viejo que el hilo neeeegro (mas alaaaante). Pero lo de las albondiguillas lo he sacado de una receta del libro de mi abuela y creí que por darle una variación tampoco pasaba mucho(me encantan las pelotillas de arroz con ingredientes varios).
Sé que por otros lares este arroz se hace asando el bacalao salao, ya que al asarlo o tostarlo desprende toda la sal que lleva dentro y por tanto no queda fuerte de sal y bastante gustoso.
Para mi que soy un fan del bacalao, es el guiso que mas me gusta, es de una simpleza extrema -que le añade un plus- y económico -algo que en los tiempos que corren, donde los bancos no quieren compartir sus pingües beneficios, es de agradecer-.

Ose dijo...

Ah! Y el caniche llegó a casa, pues no servía ni pa jacer jabón. ;)

Anónimo dijo...

Chapeaux!