Solo-lomo, el travestido cárnico

Uno de los grandes problemas de los padres es cuando los hijos pasan del "gu-gu-ta-ta" a pronunciar sus primeras palabras, y es que una de sus preferidas es NO. Y del "no" al "no me gusta" hay una delgada línea que puede desaparecer de la noche a la mañana y hacer desfallecer al mas pintao. Entonces tienes dos opciones, encabronarte al máximo y cogerte tal berrinche como el niño o hacerte un padre consentidor y cuando sea mayor que vaya al psicólogo, que todo el mundo tiene que vivir. Yo doy una de cal y otra de arena.
Y esta semana me tocó la de consentidor. Llegué a casa con una ilusión tremenda con unas entrañas de ternera de p.m. y me puse a limpiarlas. En ello entró mi hija en la cocina, las vio y después del alarido inicial exclamó la famosa frase: NO, eso NO me lo como yo. La verdad es que son feas con avaricia. Notaba como me subía la sangre a las sienes, pero decidí ahorrarme un disgusto y perder dinero en psicólogos.
Me acordé de las malas artes de algunos maestros que ha tenido uno en esta vida y decidí engañarla vilmente, y le ofrecí solomillo de ternera que por supuesto no tenía en casa. Un amigo me había regalado un trozo de lomo alto de vaca sin hueso para probarlo y me dispuse a preparar solomillo.
Me armé de cuchillo y cual trabajos manuales empecé a cortar el lomo por la línea de estrellas que os tengo señaladas.

En minuto y medio, ya tenía una pieza casi igual que un solomillo.

Después un trabajito de chapa, recorte aquí, achuchón allí y vualá!

Tooooooma medallón de solomillo guapo. Y sin remordimiento alguno, lo acompañé de unas patatas fritas y se lo serví a mi hija del que dio buena fe, de ese pedazo de "solomillo", ya que sin duda y sin ella saberlo, salió ganando.
Quizá esto tiene poco mérito pues he engañado a una niña de once años, pero este corte lo he visto hacer bastantes veces en cocinas de restaurantes y el comensal no se ha dado cuenta. Y tú, crees que te enterarías.