Como comerme un güevo


No, no me he hecho contorsionista, pero todo se verá.
Me refiero a comerse un huevo frito como tal, esto es, el fruto de la gallina abierto con suma delicadeza tras un ligero toque de precisión y volcado suavemente sobre aceite de oliva virgen. Esto es un huevo frito, todo lo demás es artificio. El jamón, las patatas, el chorizo, la sobrasada, patatera, el vinagre, bacon, tomate, ajo, cebolleta e incluso la sal son una boutade que si bien conforman una pandilla de amiguetes irresistible no dejan de ser invitados de excepción.
También en el alambre de la parida se encuentra el tema de las temperaturas o formas de hacer, como el huevo soñado de Adriá friendo la clara y añadiendo la yema después o el famoso y desesperante huevo a 62 grados, que pueden estar bien ricos pero que cuando te levantas un domingo por la mañana con ganas de algo bueno, no dejas de pensar que son una auténtica gilipollez .
Animado por esta vorágine, este fin de semana me he animado con una creación que un amigo me recomendó y que por su sencillez se acerca a mi cátedra purista del huevo frito.
Para ello, se fríe un huevo (o dos o una docena, según como tenga uno el colesterol) y por otra parte se tuesta una rebanada de pan. Frito el huevo se coloca en el plato, se volea de sal, se desmenuza encima la tostada de pan y por último se le añade un buen chorreón de ese aceite que te costó como un güisqui de importación.
Romper, remover, zampar y santiguarse por si acaso existe Dios, darle las gracias por semejante prodigio.

Pd. Este post me da pie al siguiente de aquí abajo.

Bacalhau dourado my way ( o sea Bacalao dorado a “miputabola” )

Como ya he comentado con el tema de los huevos fritos, la mejor manera de comerlos es solitos, pero también es verdad que pueden animar y mejorar cualquier plato, léase esos macarrones con tomate insulsos donde un buen par de güevos coloca a este plato en un nivel estratosférico.
Y ya metidos en faena y a la hora de mezclar huevos, existe una receta portuguesa que la prefiero con huevo frito que en su versión original, que es el bacalao dorado y que a mi me gusta hacerlo de manera similar pero a mi manera.

Para empezar me gusta cortar la patata en modo paja interruptus, esto es, un poquito antes, o sea mas grande que solo paja y las prefrío.

La cebolla (2) cortada en juliana, la pocho suavemente hasta que la rindo ya que la juliana siempre tuvo mala leche. El bacalao lo desmigo y haciendo caso a los consejos del Gobierno para el ahorro, lo incluyo en la cebolla caramelizada cuando ya la he apagado y aprovecho el calor residual. Por último le doy el golpe fuerte de calor a las patatas fritas y las coloco en la fuente, le vierto por encima el bacalao con la cebolla, frío huevos y por fin lo fusiono todo.
El resultado es diferente al bacalao dorado clásico, pero a mi gusto es mejor (por algo lo hago así), ya que cuando lo introduces en tu boca te encuentras el crujiente de la patata, la melosidad de la cebolla caramelizada, el sabroso bacalao, la untuosidad de la yema y el sabor del huevo frito.

Y de postre, una botella de litro y medio de agua helada.