En algún lugar del norte de Cáceres, que no os voy a desvelar donde está, no vaya a ser que vengan los señores Suñé y Puig y me jodan el invento, existe un arroyo de aguas limpias, tranquilas y tan frías que hasta el mas beato gritaría ¡ LA PUTA QUE LA PARIÓ ! y que cuando salgo de ellas siempre me siento un poquito/bastante transexual.

Este arroyo me gusta caminar a su vera durante un par de horas, pero llega un momento en que tienes que entrar al agua si quieres seguir

Y llegar a la civilización

Y aquí es donde empieza mi religión, ya que después de haber sorteado tortuosos caminos, y darme un baño helador

Llego al chiringuito del Chuchi

Voy a mi mesa con vistas de siempre

Y sin mediar palabras con mi Pastor Chuchi, el saca de debajo de su altar, un botellín helado que contiene un elixir que los he probado parecidos, pero ninguno como este.

En otras religiones se dice amén, en mi nueva religión es “otra”.
Y con la “otra”, ya viene un clásico de la Chuchiteologi, sardinas con tomate, sal gorda, un baño de aceite de oliva virgen y un zalaque de pan.


Mi Pastor, me obsequia con su bondad y me honra con un surtido de embutidos que ríete tu del Joselito.

Y cuando en mi cuerpo ya no cabe mas fervor (pero si elixir), mi Pastor me da su comunión, un rebujón de morros y panceta con tomate, por supuesto.

Aaaaahh! No me tiro al suelo a revolcarme porque raspa.
Y es que Chuchi es así, aun tengo grabado mi bautismo en su chiringo, cuando me senté en una de sus mesas y sin mediar palabra, me trajo medio litro de vino de pitarra, una cuña de queso y medio pan. Y sin cuchillo!
Mi Pastor es un hombre sin ambiciones un tanto huraño y tienes que aprender su idioma, dicen que fue estraperlista, aceitunero, truchero y no sé cuantas cosas mas, pero lo que realmente me convence de él, es que con poco te llena, y que con su sencillez y la modestia de su chiringuito hace que realmente desconecte y me olvide de lo que pasa fuera de allí, algo que aún no ha conseguido ningún restaurante.
Además, el móvil no tiene cobertura, toooomaya.
Por ello, Chuchi me ha tocado y ya he pasado a ser un chuchiólogo mas.