
En esto que voy conduciendo como los del anuncio del "bemeuve" disfrutando del paisaje, cuando de repente en la lejanía entre la bruma del calor, veo un chafardo destartalado y como si fuera un triángulo de emergencia, tenía instalados una sandía y dos tomates. Frenazo al canto. Y allí bajo la lona, al borde del GOLPE DE CALOR DEL SIGLO, un hortelano ofreciendo los productos de la huerta que tiene a sus espaldas. Aunque el señor estuviera atendiendo lleno de lamparones y con una litrona en la mano, aquello era una auténtica joyería. Que olor a huerta! Sandías y melones a 50 cts, cebollas a 50 cts. y tomates a un euro. Resultado de la compra, melón, sandía, 5 kilos de cebollas y 10 kilos de tomate. El melón bien, dulce pero sin empalagar, la sandía aun estamos esperando que enfríe, las cebollas pequeñitas, finas y dulces. Y los tomates, ¡aiiins, los tomates!, que megahomenaje de tomates que me metío entre pecho y espalda. Rajaos con sal, con aceite de oliva, sal y orégano, con sardinas de lata, triturados y obteniendo solo el jugo y por supuestísimo, en gazpacho.
Y mientras me deleitaba con semejante tomatada, me preguntaba si se puede llamar tomate a eso rojo y redondo que venden en los supermercados, porque al menos para mi, no tienen absolutamente nada que ver.

Osefelizpor18euros.