Chuletón campeón


Mi chuletón de la Eurocopa ha tenido una vida paralela a la selección. Antes de empezar la Eurocopa vi un lomo de buey que mostraba unas características que otros no tenían y me decidí por él desestimando opiniones “expertas” y descartando a otros mas llamativos. Decidí confiar en su potencial dándole aquello que el quería, tiempo. Y respondió madurando su carácter, sabiéndose grande a medida que su competencia iba cayendo y cuando llegó su hora, supo darlo todo para que disfrutásemos de él.
El día de la final, salió del oscuro frío a las 5 de la tarde para comenzar con su calentamiento, relajando músculos y dejando atrás los nervios. Aunque si alguien había de los nervios era yo y visto como iba el partido, pensé que para disfrutar de él era mejor dejarlo para el final del encuentro, ya fuera en la alegría o en la tristeza. Ganó España, y por fin pude limpiarme las lágrimas de aquella final del 84 que siendo un crio tanto disgusto me dio.
El chuletón ya pedía su protagonismo, por tanto encendí el fuego y puse la plancha hasta que empezó a dar botes, la lubriqué con 1 cucharadita de buen aceite de oliva y dejé que la pieza saltara sobre ella. Era un clamor, una comunión perfecta de sonidos y olores que hacían presagiar con impaciencia que podía ser un éxito. Con mis propias manos le di la vuelta que necesitaba y ya apareció ese color que decía que no había marcha atrás, era un chuletón campeón. Se asentó tranquilamente en el plato, pidió unas láminas de sal y compartió sus terneza de mas de 30 días, la jugosidad y melosidad de una carne casi cruda con una correcta filtración de grasa y un sabor marcado, potente y característico de carnes elegidas para la gloria.
No fue el chuletón de mi vida, pero si mi chuletón campeón.
Impossible is nothing.